viernes, 13 de abril de 2018









LAS COSAS COMO FUERON. Poesía completa, 1974-2017,
Eloy Sánchez Rosillo



Acudí al Gran Teatro de Elche convencido de que, durante la lectura que Eloy Sánchez Rosillo iba a realizar de sus poemas, asistiría a algo único y mágico. Y fue así, no porque la inmensa mayoría de los asistentes fueran buenos lectores de la poesía de Eloy, sino porque estábamos allí reunidos compartiendo un tiempo con un poeta verdadero, el autor de una poesía llamada a perdurar. Su singularidad y su fidelidad a una manera de entender la poesía como una expresión clara, honda, elegante y emotiva es un dignísimo ejemplo de quehacer poético.
      No pretendo analizar ni las claves temáticas ni hacer un recorrido sobre su producción al hilo de la reciente publicación de su obra reunida. Eso me sobrepasa. Quiero dar fe de la publicación de este libro e invitar a comprarlo, a leerlo, a regalarlo, porque es la suya una poesía rica en matices y no dejará indiferente a ningún lector. Sólo quiero dejar constancia de que en el Gran Teatro escuché por vez primera, y en voz del propio autor, un conjunto de poemas que conozco desde antes del 6 de julio de 1993, fecha en que me dedicó su primer libro, Maneras de estar solo.
      Sánchez Rosillo intercaló en su lectura algunos comentarios. Habló de la importancia de la luz en su obra; de la necesidad de vivir el presente; de gozar de la alegría cuando esta llegue porque dos veces no se produce ese milagro; aclaró su evolución de la poesía elegíaca a la poesía hímnica y celebratoria, si bien se mostró reacio a las clasificaciones reduccionistas; ensalzó el valor de la naturaleza, de los árboles y los pájaros (“Para escuchar el canto del jilguero/vine yo al mundo”); reivindicó la visión del paisaje como punto de partida para la reflexión y el pensamiento emocionado; desdeñó la tristeza porque es intransitiva y destructora y no se aviene con la esencia de la poesía, que es la creación; no renunció a esa melancolía puntual, porque su presencia en el poema supone el reconocimiento de una dicha que se perdió.
      En fin, habló de la vida, con la certeza de que, quién lo diría, siempre soñó ser poeta desde su origen y cantar las cosas como fueron, para su gloria y la nuestra, sus acólitos lectores. Gracias.


COMO EL VIENTO EN LA NOCHE

SIENDO tan sólo lo que soy, un hombre,
y no el viento nocturno,
y estando aquí, tan para siempre lejos,
acudo –no sé cómo– ciertas noches de luna,
igual que el viento, buen hermano suyo,
hasta donde se alza la vieja acacia aquella,
es decir, a mi infancia. Y allí sigue,
esbelta, misteriosa y solitaria,
en abandono triste, irremediable,
perdida en el inmenso silencio de los campos
junto al deshabitado caserón.
Me acerco a ella en la noche como si fuera el viento,
la miro desde arriba y me enredo en sus ramas,
la hago sonar,
divago por su copa, y luego me remanso
al lado de los pájaros que duermen.
Puedo ver cómo fluye entre sus hojas
la delicada luz que desde el cielo cae:
agua de luna pura,
agua de estrellas de madrugada.
Aquí me tienes, vieja amiga, no es
el viento el que ha venido,
soy yo, Eloy, aquel de entonces,
que ahora vuelve, ya con el pelo blanco,
a darte compañía;
alrededor de ti giro muy lentamente,
y seguiré contigo, para que no estés sola,
hasta que empiece a despuntar el alba.

viernes, 6 de abril de 2018






 
AUSENCIAS, Raúl Clavero

Este autor puede ser un desconocido para muchos lectores, pero para quienes estén atentos a los fallos de certámenes nacionales el nombre de Raúl Clavero es habitual sencillamente por ser uno de los escritores más premiados del momento. Su especialidad son los cuentos, y, a tenor del regusto que todavía conservo en el paladar, los cocina muy bien. En este libro ofrece veinte cuentos premiados en su ya larga trayectoria, pero no estamos ante una acumulación de relatos sin un hilo en común, más bien mantienen un lazo interno que los une, un mismo sentimiento de pérdida donde apenas cabe el consuelo.
      Escribe principios memorables, ágiles o envolventes que atrapa a un lector que agradecido se deja llevar: “Jaime está sentado en la arena. Juega con un cubo y una pala. La espuma del agua le acaricia los tobillos. Se pone en pie. Me mira un momento. Sonríe. Sonrío. Es uno de esos escasos instantes de perfección absoluta con los que, de cuando en cuando, te engaña la vida” (p. 29) . En otros momentos, in media res, sorprende al lector ya acomodado a su estilo: “Empecé en el psiquiátrico. Un día una terapeuta me dio una lámina metálica y un martillo. Me dijo que la golpeara hasta espantar todos los miedos. Aún no he terminado de golpear –dice mirándote fijamente–. He hecho una escultura por cada uno de mis fantasmas. Nacho, Lucía, el profesor Márquez… Pero todavía me faltas tú. No sé cómo golpearte” (p. 15). Y en muchos otros momentos el final sorpresivo cierra cuentos magníficos: “Después, mirándose en el espejo del baño, Martín salud a Stella” (p. 114).
      En “La noria”, a partir de un hecho vulgar y triste como ir a la feria, se desencadena un cuento fantástico, o mejor, de cierto extrañamiento ficcional, un micromundo constituido por las personas que viven en cada una de las carlingas de la atracción de la noria. Y una vez más es el estilo ágil, sugerente y muy directo lo que salva al cuento.
     El desenlace sorpresivo de “Heridas” muestra cómo se construye un cuento desde el final, dosificando los datos, sin desvelar más de lo necesario, narrado con una eficacia encomiable.
      En muchos momentos se advierten aciertos al inicio de un cuento. Hay oraciones y párrafos rotundos y sugeridores: “Roberto estudiaba en su cuarto cuando escuchó un estruendo similar al fin del mundo en el patio de su casa” ( p. 61).
      En “Casa Dolores” se revela, desde la perspectiva de un niño, el mundo secreto de su padre, del afecto que este siente por el camarero Hans, de la definitiva huida del padre…, lo que supone una adquisición violenta de la madurez, el descubrimiento de que existe el fingimiento y un amor diferente.
En “Biografía”, a través de comentarios sobre algunos libros esenciales, cuenta la vida de su padre y la suya propia para explicar por qué se hizo escritor. En “Stella” no imagina el lector, inmerso como está en el dramático incendio de la vivienda familiar, el giro inesperado de la trama. Y en “Gran Vía-Gran Vía”, asistimos al proceso de construcción de un cuento que refleja las vidas soñadas por un parado. En “Picadillo” lo sugerido es clave en la comprensión del relato. En fin, cuatro cuentos magníficos.
      Estos relatos son ágiles y directos como la verticalidad de un jugador excepcional. Sobresale, por encima de otros méritos, un estilo de aparente sencillez, donde la eficacia comunicativa prima sobre cualquier otro elemento estético. Eso, unido a planteamientos y desenlaces muy bien construidos y resueltos, convierten este libro en una muestra de imprescindible lectura para los amantes del género.
      Anoten el nombre de este autor. Es una garantía de calidad al alcance de muchos lectores.

martes, 27 de marzo de 2018







Fernando Aramburu, texto extraído del ABC Cultural


 
“Tengo el modelo de mi padre, que era un hombre muy bondadoso. Me gustaría ser como él. Las personas bondadosas tienen una gran fortuna. La bondad es una de las maneras más bellas y agradables de pasar por la existencia. Para mí es una especie de ideal de vida. En parte me dedico a la literatura por el deseo de hacerme un poco mejor. No solo con respecto a los demás, sino con respecto a la mirada en el espejo antes de apagar la luz, ante la cual uno no puede mentirse, y que me dice si ese día estuve bien o fui un canalla”.



domingo, 25 de marzo de 2018




 


DEL AMOR CAÍDO, Manuel Laespada




Es este un breve e intenso poemario, con el que su autor rinde un sentido homenaje a uno de sus poetas preferidos, Luis Cernuda. Hay en los versos una tensión muy bien conseguida con imágenes acertadas: “Un escorpión dormido es la mentira / y su ponzoña inunda / el cáliz de los días”. El paso del tiempo se aborda con versos de impecable factura quevediana: “Ahora que la vida empieza a ser ayer, / cuando hablar de mañana es repetir entonces”. El amor es también un tema recurrente: “Quise abrazar tus labios y el invierno / me abordó en las esquinas / como un niño cobarde / que al huir llena el aire de misterios”. Estamos ante un poemario meditativo y de clara dicción, que reflexiona sobre la vida vivida y se sirve de pequeñas anécdotas autobiográficas para conferir una conmovedora intensidad.
      La calidad de su poesía le ha permitido a Manuel Laespada recibir muchísimos premios literarios. Aunque acostumbro a comentar algunos aspectos temáticos y formales de los libros reseñados, valga por esta vez la lectura de dos poemas para conocer a un autor que más pronto que tarde será de nuevo noticia en este blog.


           VII 

Adolescente fui en días idénticos a nubes

¿Te  acuerdas de los hijos?
Han crecido
tan rápido y tan viento
que para retenerlos
ni nos sirven sus nombres
ni sus ojos tan nuestros.
Están y estamos lejos,
lejos sí están aquí, y lejos
si están lejos.
Su voz en la distancia
es más que voz, recuerdo,
y sus besos ausentes
nos llegan como un eco
que acaricia la piedra,
y son, y no tenemos.
¿Te acuerdas de los hijos,
de esa otra vida nuestra,
de aquel tiempo
que felices velábamos
el miedo de sus sueños?
Hoy sus camas tan frías…

Hay veces que el recuerdo
más que refugio es duelo.



          XV
  
No hay amor, sino losas

1.
Ahora que la vida empieza a ser ayer,
cuando hablar de mañana es repetir entonces
y es el sol mariposa, y es cansancio,
y la luna
acaba encandilándonos las venas,
es acaso el momento de que hagamos balance
y pongamos a un lado de la báscula
las derrotas, los miedos, el llanto, la fatiga,
que ya acaba cubriendo ­–como nubes-
lo que queda de cielo.
Al otro lado basta (es más que suficiente)
el peso del amor.


miércoles, 21 de marzo de 2018





BALM, Peter Sandberg



sábado, 10 de marzo de 2018

















CÓMO HACER QUE LOS JÓVENES LEAN,
Julián Montesinos Ruiz


Desde 1967, el 2 de abril, la Organización Internacional para el Libro Juvenil celebra el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil al coincidir con la fecha del nacimiento del escritor danés Hans Christian Andersen. Con esta efeméride se busca promocionar los buenos libros infantiles y juveniles y la lectura entre los más jóvenes. Por ello, quiero reflexionar sobre el valor de la lectura con el fin de que los jóvenes lean más y comprendan mejor.

1. El triángulo de la lectura tiene tres ángulos: sociedad, familia y escuela. La sociedad “marca” las pautas de comportamiento y ensalza determinados valores dominantes; la escuela exige el aprendizaje de contenidos y tiene la responsabilidad de conseguir que la lectura sea un medio de acceso al conocimiento y una fuente de satisfacción personal; y las familias, por su parte, son los primeros responsables de la educación lectora de sus hijos. El hábito lector se consolida más rápidamente en nuestros alumnos si encuentran modelos lectores tanto en el ámbito familiar como en el educativo. La lectura no debe practicarse solo en casa como si fuera una actividad extraacadémica y por lo común ajena al aula y escasamente valorada. Se la minusvalora si se arrincona en las programaciones al otorgarle poco tiempo y valor. Por eso, hay que lograr que los libros vayan y regresen de casa al instituto y viceversa. Habrá, por tanto, lecturas en “clase” y lectura para “clasa”, es decir, esas que se inician en clase y se continúan en casa. Si se hace bien, permite, además, la implicación de las familias.

2. Cada adolescente es único y la promoción de la lectura ha de hacerse de manera individual. Una sola lectura por aula es una propuesta pobre, homogeneizadora y que no respeta los niveles de competencia lectora ni los gustos temáticos personales de cada lector. Los docentes, que son los principales mediadores, deben elaborar planes lectores razonados con lecturas adecuadas mediante un asesoramiento personalizado. Para llevar a cabo este objetivo hay que redactar en cada centro educativo un Plan Global de Lectura (PGL) y un Plan Individual de Lectura (PIL). Además, se contará con una programación que valore la lectura de un libro como un ítem evaluable que también contribuye a aprobar.

3. Un Plan Lector debe basarse mayormente en literatura juvenil (de 1º a 4º de la ESO), aunque también se incorporen otros libros que son aptos para adolescentes, incluidas las adaptaciones de textos clásicos. Abogamos por este tipo de literatura para jóvenes porque los adolescente tienen un modo diferente de leer que convierte la lectura de un libro en una experiencia personal. La buena literatura juvenil ofrece un léxico adecuado y huye tanto de la moralina como de la transversalidad temática. No hay que olvidar que la literatura juvenil es una literatura de transición y no una literatura sustitutiva de la clásica. Y, esencialmente, coadyuva a formar el hábito lector, porque incide más en la educación lectora que en la enseñanza de la literatura.

4. La misión de un docente no es hacer exclusivamente lectores literarios, sino lectores competentes que sean capaces de enfrentarse con éxito a cualquier tipo de texto. Actualmente, la lectura sigue siendo el mejor medio para acceder al saber. Nuestra responsabilidad ineludible como docentes nos obliga a fomentar la lectura porque mejora la comprensión y educa al alumnado de manera integral.  Por ello, Un Plan Lector debe contar no sólo con esos “libros buenos” a los que Pedro Salinas se refería como esenciales, sino también con una metodología que secuencie la lectura y la escritura como habilidades lingüísticas básicas en la formación integral del alumnado. Para ello habría que desgramaticalizar la enseñanza en Secundaria, reducir de manera sensata los programas y exigir lo que muchas veces se da erróneamente por sabido: leer, escribir, hablar y escuchar.

5. Hay que reivindicar la figura de un Coordinador de Lecturas, el máximo responsable del fomento de la lectura en un centro educativo. Su labor consistirá en coordinar las lecturas de los diversos departamentos, construir la biografía lectora de los alumnos, incluir la lectura formativa en valores a través de las tutorías, y favorecer actividades que vayan encaminadas a convertir la lectura en una práctica habitual.

6. Existen actualmente, al socaire del desarrollo de las tecnologías de la educación, muchos proyectos de lectura basados en el uso de distintos dispositivos electrónicos. Aunque no minusvaloro esa tendencia, defiendo planes lectores razonados de libros cercanos a la sensibilidad de los adolescentes y disponibles de manera inmediata en una Biblioteca de Aula, y sin coste alguno para las familias.

       Estoy convencido de que el fomento de la lectura y de la escritura favorece el aprendizaje, porque aúna la efectividad y la afectividad. No habrá que desilusionarse si los resultados no se corresponden con los objetivos perseguidos: el entusiasmo es el camino para el aprendizaje del hábito lector. En este sentido, hay una puerta abierta a la esperanza, porque es precisamente en los niños y jóvenes donde más crece el índice de lectura, mientras que hay un 49 % de adultos que reconocen que no leen ningún libro.
      Para un conocimiento más profundo del valor educativo de la lectura pueden descargarse mi libro Cómo hacer que los jóvenes lean  en el siguiente enlace: http://dontejoquidelapanza.blogspot.com.es/


lunes, 5 de marzo de 2018







TABLE FOR TWO, Abel Korzeniowski